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	<title>Pensamiento Emocional &#187; Angela Torrijo Arce</title>
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	<description>Amor, Pareja, Relaciones, Inteligencia Emocional, Encuentros...</description>
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		<title>Echar de menos</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 20:15:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Angela Torrijo Arce]]></category>

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		<description><![CDATA[Instrucciones para no echar de menos &#8220;A veces, no hay dolor más fuerte que el no causado, el no sentido y el no vivido. Entonces, es cuando uno se da cuenta de que lo que hace daño no es el sufrimiento, sino el vacío. El hueco de las conversaciones nunca habladas cuando sin esperarlo te [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Instrucciones para no echar de menos</strong></p>
<p>&#8220;A veces, no hay dolor más fuerte que el no causado, el no sentido y el        no vivido. Entonces, es cuando uno se da cuenta de que lo que hace daño        no es el sufrimiento, sino el vacío. El hueco de las conversaciones        nunca habladas cuando sin esperarlo te viene a la memoria un recuerdo.        El espacio sin rellenar de ese beso no dado, que estás seguro que sabe a        menta o a fresa o a mango, con una cantidad de saliva justa y        respiración acompasada. A veces es un hueco de abrazo el que se siente.        Notas como un regazo vacío te rodea. Algo que debería estar y no está, y        que duele. Un desarrebujo del alma.</p>
<p>Comienzas a pensar y te das cuenta de que eres puro hueco, agujero negro        en estado puro. Un queso gruyere de sentimientos, caricias, dedos,        susurros, sueños, vivencias, risas. Y por cada espacio se derrama un        dolor o se te clava una aguja&#8230;, y duele. Es por esto que, aún a        sabiendas de lo imperfecta de mi aspiración, voy a intentar        escribirme/te unas instrucciones a seguir para, al menos intentar, no        echar tanto de menos:</p>
<p>1.- Queda terminantemente prohibido escuchar canciones de amor o con        letras mínimamente sensibles. Aunque, ¿realmente, eso importa? Estoy        segura de que si escuchara una canción cuyo tema principal es que al        protagonista le parta un rayo, imaginaría su preciosa cabeza, tan llena        de ideas, tan sonriente, tan, tan, tan suya&#8230;, encantadoramente        partida. Conclusión: queda terminantemente prohibido cualquier tipo de        música.</p>
<p>2.- No leer nada que te recuerde a la persona en cuestión. Por supuesto,        ni se te ocurra ojear algo de lo que tu cariño te ha escrito en un        arranque de amor. Olvida también a Neruda y demás canciones        desesperadas&#8230;, pero no creas que así vas a conseguir estar totalmente        a salvo, no&#8230;, sigue alerta. El subconsciente es muy sagaz, buscará la        manera de llevarte a algo que en algún momento te comentó&#8230;, quizá la        reproducción de la araña gigante senegalesa o cómo superar las alergias        a los gatos de angora&#8230;, no bajes la guardia. Creo, pues, que ante esta        disyuntiva, lo mejor para eso es, directamente, no leer.</p>
<p>3.- Cuando vayas a preparar comida o a encargarla en un restaurante,        recuerda no pedir nada que hayáis comido juntos en alguna ocasión, o de        lo que él / ella te ha comentado que le gusta especialmente. También es        importante, aunque te parezca una tontería, que no pidas nada que        deteste, pues en este caso, al introducir en la boca el alimento en        cuestión, un sentimiento de ternura inherente al rechazo de ese plato        por tu niño/a te impregnará, haciéndote sentir de la misma manera, y        consiguiendo llegar así a una de las peores situaciones: sentirte        completamente identificado.</p>
<p>No obstante, algo tengo que decir en defensa de esto último, y es que si        eso pasa cuando, por simpatía, te entran náuseas al probar las almejas a        la marinera, imagínate lo que puede suceder si, por el contrario, te da        por pedir su postre favorito: ensalada de mango, con su plátano y su        mandarina hecha gajitos y bien regada de azúcar y limón. Si llegado a        este punto, decides no hacerme caso, deberás atenerte a las        consecuencias&#8230; La primera cucharada te hará sonreír recordando con        melancolía el sabor de sus mejores besos, la segunda, te traerá a la        memoria que hace mucho que no los pruebas, la tercera&#8230;, en la tercera        te temblará el labio. En la cuarta, soltarás la cuchara con rabia y        beberás agua, para disimular. Respirarás hondo. Al fin y al cabo estás        en un restaurante ¿Qué pensarían de ti si supieran que empiezas a hacer        pucheros por culpa de una macedonia? Así que coges aire y lo sueltas por        la nariz, cerrando los ojos. Suspiras. Acaricias la cuchara. Te recuerda        su piel. Miras y continuando con el devenir del cubierto, vas a parar al        zumo y a la fruta jugosa. Entonces es cuando no te das cuenta. De        repente, en el jugo comienzan a aparecer ondas concéntricas. Primero        una, solitaria, luego aparecen más, nuevas. Son gotas de lluvia que        vienen de tu cabeza.</p>
<p>Te lo advertí. Su sabor es una de las cosas a evitar. El tercero de los        mandamientos para no echar de menos.</p>
<p>4.- Intenta olvidarte del sexo. Puedes conseguirlo. Piensa que esa zona        de tu cuerpo se ha evaporado, flota en el limbo, como un nonato.        ¿Sonríes? Sí, es cierto, quizá sea una propuesta un poco ilusa, sí,        ahora que lo dices, yo también me estoy riendo&#8230;, pero ¿qué solución        encontrar entonces? Si las ganas te arrebatan y no está, nada sirve.        Mata las ganas, pues&#8230;, pero, ¿cómo? A ver, se me ocurre a bote pronto        que lo que está claro es que hay ciertos elementos indispensables a        evitar: voz, imagen y olor. En el caso de ponerte en contacto con alguno        de estos elementos, ten por seguro que sí, sucumbirás. Y no hay peor        hambre que la del hambriento de ausencias, ni peor sed, que la del        sediento de hambre. Advertido estás&#8230;</p>
<p>5.- Como quinta y última instrucción, se me ocurre que olvides su boca.        Bórrala de las fotos, de tu mente, de su distancia. Esa boca que besa,        la que habla y ronronea. La perfecta e imperfecta, la acoplable, la        bebible, la mimética. La que muerde, la que araña, la que pega, la que        te mata de dulce, la que te traga vida pero calma las sedes. Esa que        regala tormenta y calla cuando está como ausente.</p>
<p>Y llegados a este punto, sólo me queda decir, que si me leo y releo        pienso que para no echar de menos debo dejar de oír música, no leer,        evitar casi el comer, olvidar el sexo y, sobre todo, tu boca. Creo que        la única manera de no echar de menos, pues, es no queriendo o muriendo.        Y vamos a ver&#8230;, ¿quién puñetas quiere eso?&#8221;</p>
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