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	<title>Pensamiento Emocional &#187; Eduard Punset</title>
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	<description>Amor, Pareja, Relaciones, Inteligencia Emocional, Encuentros...</description>
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		<title>Algo contra la soledad</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 18:13:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eduard Punset]]></category>

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		<description><![CDATA[Los humanos necesitan pertenecer a algo, a un colectivo social, a una manada, les da igual; lo importante es pertenecer. Y es muy difícil aquilatar la importancia objetiva del colectivo al que se decide pertenecer; quiero decir que la etnia puede ser mucho menos importante que la camiseta que le han puesto a uno. Se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los humanos necesitan pertenecer a algo</strong>, a un colectivo social, a una manada, les da igual; lo importante es pertenecer. Y es muy difícil aquilatar la importancia objetiva del colectivo al que se decide pertenecer; quiero decir que la etnia puede ser <strong>mucho menos importante </strong>que la camiseta que le han puesto a uno. Se ha comprobado que la ostentación de las señas de un equipo, por ejemplo, borra el sentimiento racista que provocaba la imagen de una persona de color.</p>
<p>Aunque cueste creerlo, resulta que lo más importante para los humanos es <strong>pertenecer a alguien</strong> y, cuando esto falla, cuando no se pertenece a nadie porque a uno no le dejan, cuando a uno lo encierran solo, se asfixia. Lo que no soportamos es la soledad. “Doctor, ¿me puede dar un remedio para la soledad?” es una pregunta rara vez formulada y, sin embargo, sentida por multitud de jóvenes desamparados, mayores sin casa, moradores de hospicios y lugares de asilo. “Doctor, ¿me puede dar un remedio para la soledad?”. La gente no lo dice, no lo piensa, <strong>pero lo siente</strong>. Ahora, la ciencia acaba de descubrirnos que este sentimiento de soledad no es un subproducto de la depresión, sino que constituye un entramado patológico por sí solo.</p>
<p>Saciar la demanda de <strong>relaciones sociales </strong>es imprescindible para mantener una buena salud mental y física. La soledad debiera ser una de las bestias a abatir del entramado sanitario, un objetivo específico, en lugar de ser un añadido de terapias consideradas esenciales como la lucha contra la depresión. Tan importante o más que la depresión es <strong>la soledad</strong>, que, además, es distinta. Los médicos y farmacéuticos solo se ocupan de la depresión atiborrando a la gente de fármacos que no están debidamente comprobados ni en la demora o plazo de su efecto, ni en el tipo de daño que, supuestamente, eliminan ni, por supuesto, en sus <strong>efectos secundarios</strong>; casi todos, malos. Si de la depresión sabemos poco y mal, a pesar de los esfuerzos prolongados por profundizar en su naturaleza, de la soledad todavía sabemos menos. Los psicólogos y neurólogos tan solo están empezando a desentrañar sus efectos.</p>
<p>La necesidad de pertenecer comprende un deseo avasallador de formar y mantener, por lo menos, una cantidad significativa de relaciones interpersonales. <strong>Lo absolutamente nuevo</strong> en la medicina que está aflorando es la inserción de la soledad en el ámbito más amplio de las redes sociales, así como la aceptación de la necesidad universal de pertenecer a un colectivo que experimentan los humanos, sobre todo, los jóvenes.</p>
<p>Resulta que toda la pasión, <strong>el pensamiento y la acción</strong> de muchísima gente son el resultado del impulso para evadir el aislamiento causado por la disolución del clan familiar, la pérdida de los amigos del trabajo, el amor del resto del mundo. Detrás de todo lo que hacen, piensan o dicen los ensimismados está el pánico a la soledad. Pese a la diversidad de culturas, religión, sexo, idiomas o edad, resulta que los humanos lucen similitudes sorprendentes, como la necesidad de amor y, <strong>para recabarlo</strong>, el rechazo tajante de la soledad.</p>
<p>Durante muchos años, no solo no nos ocupamos de la soledad, sino que<strong> la enaltecíamos</strong>. Si salías adelante solo, sin consultar con los demás, profundizando en tu propio universo, conociendo como nadie tus propios intestinos, eras merecedor de todos los elogios. <strong>No sabíamos </strong>casi nada del cerebro; no teníamos ni idea de que no se podía aprender sin el cerebro de los demás, que solo los perversos podían ignorar los sentimientos de los otros, de que estabas condenado si no pertenecías a nada ni a nadie. <strong>Que lo peor era la soledad</strong>.</p>
<p><a href="http://www.somosinternet.com/wp-content/uploads/2011/04/somosinternet602.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2576" title="somosinternet602" src="http://www.somosinternet.com/wp-content/uploads/2011/04/somosinternet602-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>
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		<title>El modo de relacionarnos está cambiando</title>
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		<pubDate>Mon, 17 May 2010 12:10:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eduard Punset]]></category>

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		<description><![CDATA[No es difícil prever que en pocos años cambiará el entramado de las relaciones sociales: maestros-alumnos, miembros de la pareja, redes sociales afianzadas por la distancia, jefe-subordinado, dueño-animal doméstico. Y lo hará por tres razones básicas que están aflorando, pero que la mayoría no ha querido ver aún. 1. En primer lugar, estamos a punto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No es difícil prever que en pocos años <strong>cambiará</strong> el entramado de las relaciones sociales: maestros-alumnos, miembros de la pareja, redes sociales afianzadas por la distancia, jefe-subordinado, dueño-animal doméstico. Y lo hará por tres razones básicas que están aflorando, pero que <strong>la mayoría</strong> no ha querido ver aún.</p>
<p><strong>1.</strong> En primer lugar, estamos a punto de constatar que ni las mujeres, ni los maridos, ni los niños ni los animales –domésticos o no– <strong>son nuestros</strong>. Hasta hace poco se estaba convencido de que las mujeres eran propiedad del marido; que los maridos <strong>pertenecían</strong> a mujeres determinadas; que a los niños de uno se les podía zurrar porque eran incuestionablemente propiedad de uno y, por supuesto, los perros y gatos tanto como los pájaros domesticados no tenían más dueño que el que, de vez en cuando, los alimentaba.</p>
<p>Ahora resulta que ni siquiera la ley <strong>defiende </strong>estas posiciones tan arraigadas en la mayoría de los países. La propiedad privada y el consiguiente dominio se ejercen sobre los objetos, pero no sobre los organismos vivos, afortunadamente.</p>
<p>¿Hasta qué punto una persona tiene derecho de propiedad privada sobre un organismo vivo determinado, incluidos los <strong>organismos humanos</strong>?</p>
<p>Las consecuencias de la asimilación progresiva por las sociedades modernas del cambio al que me refiero tienen ya repercusiones visibles en la vida diaria, <strong>donde se afinca el respeto</strong> a los márgenes de libertad mutuos en la pareja, la disminución en los niveles de maltrato a los niños o la revelación creciente y escandalosa de abusos sexuales con ellos; así como la creciente polémica en torno a la prohibición legal de deportes relacionados con animales en los países en que esos deportes se practican.</p>
<p><strong>2. </strong>La segunda instancia de cambios inevitables en las relaciones sociales en el siglo XXI es bien distinta. Arranca de la <strong>comprobación científica</strong> de que los fármacos no son la única manera de remediar estados que nos afectan, como la depresión o la infelicidad, sino que existen otros caminos que tienen que ver con cambios en la manera de pensar, de actuar o de ejercitarse.</p>
<p>Muchas veces no nos hacen falta nuevos fármacos para<strong> sobrevivir</strong>, sino modos distintos de organizarnos. Se trata de algo totalmente nuevo, revolucionario y lleno de promesas relacionado con la recientemente descubierta plasticidad cerebral. Mi experiencia individual –ejercicios aeróbicos, desentrañar el secreto de lo que disfruto y no de lo que me apena, movimientos o disciplinas nuevas como la música– <strong>incide directamente</strong> sobre mi estructura cerebral; sobre mi manera de ser conmigo mismo y hacia los demás.</p>
<p>Poder contribuir mediante cambios de conducta a la generación de <strong>nuevas neuronas</strong> y de sus conexiones equivale a decir que –en contra de lo que se pensaba hasta ahora– se puede incidir sobre el crecimiento cerebral. <strong>No es cierto</strong> que a partir de una edad o de enfermedades determinadas ya no puedan prodigarse nuevas neuronas o reflejos.</p>
<p>El <strong>movimiento continuo</strong> es uno de los puntales de la nueva terapia. No es tanto el ejercicio físico –que también– como el movimiento. Andar, mover los brazos, jugar al dominó o a las cartas, tocar un instrumento, sumergirse en la lectura o en una relación personal. <strong>No parar</strong>. Eso lo hemos aprendido también del <strong>mundo del inconsciente</strong>. La diferencia entre la ceguera o la visión de un objeto estacionario está en el número de microsacadas que los mecanismos visuales son capaces de traducir en impactos neuronales. Vamos hacia sociedades más activas, no menos, como se dice tantas veces.</p>
<p><strong>3.</strong> Por último, los médicos, psiquiatras y psicólogos seguirán con interés creciente el<strong> impacto innovador</strong> de las redes sociales, del conglomerado de sus interacciones y aprendizajes recíprocos, que apenas hemos empezado a percibir. <strong>El entramado social será distinto</strong>.</p>
<p><a href="http://www.somosinternet.com/wp-content/uploads/2010/05/somosinternet474.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-1932" title="somosinternet474" src="http://www.somosinternet.com/wp-content/uploads/2010/05/somosinternet474-300x237.jpg" alt="" width="300" height="237" /></a>
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		<title>Te deseo</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Sep 2009 10:55:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editor Vic]]></category>
		<category><![CDATA[Eduard Punset]]></category>

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		<description><![CDATA[El deseo se dice del anhelo de saciar un gusto. La agradabilidad que conmueve nuestros sentidos, sea por encauzamiento o motivado por vivencias pasadas o por neto reflejo corporal ya sea por objetos materiales, por saber, por personas o por afectos. Siendo la consecuencia de uno o más sentimientos no satisfechos, postergados de forma voluntaria [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>deseo</strong> se dice del anhelo de <strong>saciar</strong> un gusto.</p>
<p>La<strong> agradabilidad</strong> que conmueve nuestros sentidos, sea por encauzamiento o motivado por <strong>vivencias</strong> pasadas o por <strong>neto reflejo corporal</strong> ya sea por objetos materiales, por saber, por personas o por afectos.</p>
<p>Siendo la consecuencia de uno o más <strong>sentimientos no satisfechos</strong>, postergados de forma voluntaria o involuntaria.</p>
<p>El deseo es la <strong>consecuencia final</strong> de la emoción inducida en origen por la variación del medio. La cadena causa-efecto que le corresponde es la siguiente: <strong>Emoción -&gt; Sentimiento -&gt; Deseo</strong>.</p>
<p>El deseo es una maquinación.</p>
<p>A cada deseo le precede un <strong>sentimiento</strong>, se puede decir que al deseo sexual le precede un sentimiento de atracción: p. ej. Siento atracción hacia ti, ¿te apetece tener sexo conmigo? Las <strong>normas sociales</strong> actuales hacen imposible que esta frase sea de uso cotidiano, sobre todo por el miedo al rechazo. No obstante, el deseo —sea del tipo que sea— y su satisfacción, forman parte de la <strong>naturaleza humana</strong>.</p>
<p>Satisfacer los deseos de forma adecuada implica el uso de la <strong>empatía</strong> para evitar agredir, y en consecuencia, provocar respuestas violentas en personas que, adecuadamente estimuladas, accederían sin problemas.</p>
<p>Una interesante reflexión de <strong>Eduardo Punset </strong>sobre el deseo es esta:</p>
<p>&#8220;El deseo <strong>nos saca de nosotros mismos</strong>, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo. El deseo <strong>reivindica la vida</strong>, el placer, la autorrealización, la libertad.</p>
<p>Unos planifican su vida, mientras que otros la viven <strong>al ritmo</strong> que les marca el deseo. El deseo de vivir y de hacerlo a su manera. <strong>Por eso sus autobiografías son más descriptivas que explicativas</strong>, pues sus vidas no tanto se deben a los resultados u objetivos cumplidos, sino al sentido inherente al mismo proceso de vivir. Y este proceso, de uno u otro modo, lo establece siempre el deseo.</p>
<p>Si bien el deseo <strong>rebosa incertidumbre</strong> acerca del itinerario, a muchas personas les garantiza la seguridad en cuanto a los pasos dados. Bien entendido que el deseo no es una voz oscura, confusa y estúpida, sino que &#8211; en una persona madura &#8211; es <strong>luminosa, clara e inteligente</strong>. Las emociones están en la base de los deseos y de la inteligencia se dice que es emocional. Visto de este modo, el deseo se convierte en el <strong>portavoz de uno mismo</strong>.&#8221;</p>
<p>Fuente: Wikipedia</p>
<p><img class="alignnone size-medium wp-image-1373" title="somosinternet359" src="http://www.somosinternet.com/wp-content/uploads/2009/09/somosinternet359-300x225.jpg" alt="somosinternet359" width="300" height="225" />
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		<title>Educación Emocional</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Apr 2009 12:02:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eduard Punset]]></category>

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		<description><![CDATA[La experimentación científica ha puesto de manifiesto que “a lo largo de la vida resultan esenciales una mayor autoestima, una mejor capacidad para gestionar las emociones perturbadoras, una mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás y una mejor habilidad interpersonal; pero los cimientos de todas estas aptitudes se construyen en la infancia”. Son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La experimentación científica ha puesto de manifiesto que “a lo largo de la vida resultan esenciales una mayor <strong>autoestima</strong>, una mejor <strong>capacidad para gestionar las emociones perturbadoras</strong>, una mayor <strong>sensibilidad </strong>frente a las emociones de los demás y una mejor <strong>habilidad interpersonal</strong>; pero los cimientos de todas estas aptitudes se construyen en la <strong>infancia</strong>”. Son palabras de Daniel Goleman y Linda Lantieri, expertos en lo que ahora denominamos <strong>educación social y emocional</strong>. Otra manera de decir lo mismo es la llamada de algunos organismos internacionales para invertir recursos y esfuerzos en las técnicas del aprendizaje social y emocional: “Es el mejor atajo para que disminuya la violencia en las sociedades modernas”.</p>
<p>En el colegio se advierte la ausencia escalofriante de libros o asignaturas científicas sobre el <strong>aprendizaje social y emocional</strong>.<br />
¿Qué es lo que echamos en falta o lo que echan en falta los niños al ir a la escuela?</p>
<p>* Primero. <strong>Saber lo que les pasa por dentro</strong>. Comprender cómo la inseguridad y el miedo influyen en su comportamiento. Desarrollar un vocabulario emocional sólido con el que puedan comunicarse con el resto.<br />
* Segundo. <strong>Identificar los sentimientos de los demás para aprender a ponerse en su lugar</strong>. El desarrollo de la empatía permite construir una sociedad cohesiva.<br />
* Tercero. <strong>Aprender a gestionar las emociones básicas y universales</strong>. Son intangibles, pero son el único activo con el que se viene al mundo.<br />
* Cuarto. <strong>Diseñar, ejecutar y evaluar soluciones responsables a los problemas</strong>, y no adoptar posicionamientos dogmáticos, que no se han podido o querido comprobar.<br />
* Quinto. <strong>Resolver conflictos</strong> para mantener relaciones sosegadas con los demás. Rechazar aquellas decisiones que impliquen violencia o agresión.</p>
<p>Distintas pruebas científicas demuestran que los niños educados con prácticas afines a estos criterios son <strong>más felices</strong>, <strong>confían más</strong> en sí mismos y son más <strong>competentes</strong> social y emocionalmente. Además, resulta que una buena educación social y emocional también mejoraría nuestros maltrechos resultados académicos.</p>
<p>¿A qué estamos esperando, pues, para impartir aquellos rudimentos científicos que ilustren sobre <strong>la naturaleza y la gestión de las emociones básicas y universales</strong>, en lugar de los valores, ya sean de derechas o de izquierdas? Antes de atisbar la vida eterna o los valores de la democracia –todo llegará–, la infancia necesita calibrar el impacto insospechado del <strong>desprecio, controlar la ira o comprender los mecanismos para ponerse en el lugar del otro</strong>.</p>
<p><img class="alignnone size-medium wp-image-899" title="somosinternet256" src="http://www.somosinternet.com/wp-content/uploads/2009/04/somosinternet256-300x200.jpg" alt="somosinternet256" width="300" height="200" />
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