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El nido vacio

By admin | septiembre 19, 2008

El desarrollo de una familia atraviesa por distintas fases o ciclos evolutivos, porque la familia, al igual que cualquier ser vivo es dinámica y cambiante. Una etapa significativa y muchas veces crucial para los padres es precisamente la emancipación de los hijos o “nido vacío”. Se constituye un nuevo momento en la vida familiar en el que los padres viven un sentimiento de extrañeza, vacío y soledad, que genera expresiones como “la casa está vacía”, “hay mucho silencio”, o la más usual, “falta algo”. Eso que falta, por supuesto, son los hijos.

En esta etapa de nido vacío, la familia se reduce y los padres vuelven a quedarse solos, como hace ya muchos años, pero envueltos en una relación diferente: ha pasado el tiempo y son muchas las experiencias vividas.

En algunos casos, la partida de los hijos puede desencadenar en los padres una crisis personal, caracterizada por sentimientos de tristeza, desolación, inadaptación y desmotivación, así como fatiga, ansiedad, problemas sexuales, desinterés por actividades cotidianas… y todo este conjunto de síntomas se denomina “síndrome del nido vacío”.

Los padres que sufren este síndrome, siendo más frecuente en madres, han centrado el eje de sus vidas en el cuidado y atención de sus hijos y tras su marcha han dejado de sentirse importantes o lo que es casi lo mismo han dejado de sentirse útiles. Emerge el tiempo libre e incluso llega a abundar, no saben utilizar sus horas de ocio, nada les agrada ni les motiva lo suficiente como para disfrutar o poder sentirse bien.

Estos padres han vivido durante décadas sirviendo a los demás y dejando a un lado los intereses personales. Esta nueva situación supone para ellos un reto cuya superación requiere potenciar unas destrezas, habilidades y un estado de ánimo para afrontarlo con éxito.

Es un buen momento para que los padres reevalúen su matrimonio, asuman emocionalmente que sus hijos se han convertido en personas adultas y diferentes y que con su emancipación, rompen definitivamente el cordón umbilical para ejercer su derecho y su deseo de vivir como seres autónomos. Por lo tanto, padres e hijos han de desarrollar entre ellos una relación distinta, de adulto a adulto.

La sensación de pena que produce la marcha de los hijos del hogar, puede ocultar los aspectos positivos que tiene esta etapa. Algunas sugerencias para afrontar con resolución y optimismo dicha transición, pueden ser:

Topics: Cristina Nuez Vicente, Rosaura Castillo Fernández | No Comments »

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