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Esperar no es tan facil

By admin | mayo 2, 2009

Tomar decisiones precipitadas, no pensar las cosas dos veces, puede llevar a cometer errores, así como el no tener paciencia para esperar resultados a largo plazo. ¿De dónde viene esta avidez? ¿Cómo calmar los impulsos? Una infancia demasiado protegida suele estar en la base de esta insatisfacción. El niño crece con la idea de que siempre va a obtener lo que quiere, pero una vez adulto, en cuanto encuentra su primer obstáculo, todo es un drama.

La frustración es fundamental en la configuración de la personalidad, por eso hay que aprender a manejarla y a demorar la obtención de recompensas. Pero ¿cómo hacerlo? El psicólogo clínico Guillermo Fouce nos da las claves: “En primer lugar, entendiendo o aceptando que uno tiene un problema con esto, luego aplicándolo en la vida cotidiana, en cada situación en que las cosas no salen como nosotros queremos”. En opinión del especialista, si se logran rápidamente las satisfacciones, se disfrutan menos y se puede entrar en una escalada de necesidades excesivas. Además, “puede repercutir negativamente en nuestras relaciones con los demás, por el lado impulsivo que conlleva”.

¿Que hacer?

1. Establecer una lista de objetivos. Para las personas que lo quieren todo ya un buen ejercicio consiste en escribir en un papel las metas y los objetivos a conseguir, los pasos que debemos dar y el tiempo que nos llevará cada paso. Deja en la agenda diaria tiempos entre actividades de forma que no precipites tareas ni dejes las cosas sin terminar.
2. Cuestiona los plazos establecidos y analiza las consecuencias de no cumplirlos, planteándote si esas consecuencias son suficientemente importantes o graves para justificar una actuación precipitada o de presión.
3. Haz las cosas con serenidad y tranquilidad, dejando a los demás el tiempo que necesiten. Escucha, mira, piensa, siente… degusta. Date tiempo para procesar la información que te rodea y disfruta de las sensaciones que te brinda la vida.
4. Aprovecha cada día como si fuera el último (con la pareja, con los hijos, en el trabajo…). Saborea cada instante y tómate el tiempo que necesites para hacerlo, sin dejarte presionar por la inmediatez ni por lo que vendrá luego.
5. Observa lo que ocurre cuando la espera se hace insoportable. La angustia, el estrés, la irritación surgen, lo que no es muy agradable. Mide también las consecuencias de esto: eres desagradable con los demás, no puedes conciliar el sueño, no eres por ello más eficaz… Hacer este esfuerzo de lucidez es lo único que puede iniciarte a querer aprender la paciencia.
Fuente: Hachette Filipacchi (Edición www.pensamientoemocional.com)
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